Enrique Torres

En el pasillo del cole de mi hijo había una cueva.

Papel marrón arrugado de suelo a techo. Niños de tercero pintando figuras con los dedos y con las manos. Y un padre con el móvil pensando qué podría hacer la IA con todo eso.

Esa es la imagen con la que arranqué la última intervención en Más de uno Albacete, con Paloma Gallego. Y también resume bastante bien en qué punto estamos con la inteligencia artificial: ya no está solo en herramientas raras para técnicos. Está en el cole de tu hijo, en Canva, en ChatGPT, en una presentación que preparas en minutos, en una web que alguien monta con IA y en un botón de pagar que aparece antes de que nadie haya revisado la política de privacidad.

El problema es que cuanto más fácil se vuelve crear, más fácil también es crear una chapuza preciosa.

La IA acelera el sistema. Si el sistema está mal, acelera el caos.

Del pasillo del cole al Paleolítico

Mi hijo está en tercero de primaria. La actividad era sobre el Paleolítico, el Neolítico y la Edad de los Metales. A su grupo le tocó el Paleolítico.

Los profesores convirtieron los pasillos en una cueva: papel marrón arrugado en las paredes y los niños pintando con manos y dedos, intentando imaginar cómo vivía el ser humano en aquella época. Animales, símbolos, soles, huellas. Mucha témpera y mucha imaginación.

Mientras estaba allí ayudando, hice fotos de las paredes y las convertí en versiones hiperrealistas usando generación de imágenes con IA.

La reacción de los niños lo dijo todo. Ellos veían un trazo hecho con sus dedos en papel marrón. Lo que les devolvió la IA fue ese mismo trazo dentro de una cueva cinematográfica, con textura de roca, luz tenue y contexto visual. No era “hacerles el trabajo”. Era enseñarles su propio trabajo desde otra mirada.

La IA no había inventado nada. Solo había encendido una linterna sobre lo que ellos ya habían creado.

De imágenes a vídeo con Flow y Veo 3

Después de las imágenes, usé Flow y Veo 3 para generar clips de ocho segundos: una cueva vacía, personajes entrando, primeras pinturas apareciendo y el mural terminado. Luego concatené las escenas y monté un vídeo de unos treinta segundos para que los niños pudieran verlo con sus familias.

La parte interesante no es la herramienta. Es entender que hoy cualquiera puede convertir una actividad real en una experiencia visual mucho más potente. Y eso no sirve solo para colegios. Sirve para empresas, clínicas, restaurantes, eventos, formación interna o contenido para redes sociales.

Muchas veces el problema no es que no tengas contenido. Es que no estás mirando bien lo que ya haces.

No inventes humo. Documenta lo que haces y conviértelo en contenido útil.

Todo el proceso esta documentado aquí

Y aquí puedes ver todas las imágenes.

El otro extremo: vender en minutos con IA

En la misma semana vi la otra cara de la moneda.

Estuve en un evento donde demostraron en directo una herramienta capaz de crear una landing completa hablando con IA: diseño, textos, imágenes, estructura y botón de pago conectado a Stripe o Hotmart. Todo en minutos.

Como demostración tecnológica era impresionante. La gente veía aparecer una página web completa delante de sus ojos y muchos terminaron comprando una oferta de 21 euros prácticamente en directo.

La barrera técnica para vender online se está desplomando. Hoy cualquiera puede generar una oferta, crear una landing, conectar una pasarela de pago y empezar a vender sin saber programar.

Pero ahí aparece el problema.

Crear rápido no siempre significa crear bien

Muchas de estas herramientas están entrenadas con contenido global. El sistema no sabe que estás en España, que vendes a consumidores, que recoges datos personales o que existe la LSSI desde 2002. Así que te monta una página preciosa, pero no necesariamente una página preparada para vender bien y cumplir lo básico.

El resultado habitual: política de privacidad vacía, cookies mal implementadas, formularios sin consentimiento claro, condiciones de contratación ausentes o falta de identificación del responsable. Cosas que no son detalles decorativos. Son obligaciones.

La solución no es dejar de usar IA. Sería absurdo. La solución es darle contexto.

Si le dices que estás en España, que vendes a consumidores, que recoges datos y que necesitas cumplir RGPD, LSSI, cookies y condiciones de contratación, la IA puede ayudarte a preparar una primera versión mucho más razonable. Luego tocará revisar, claro. Pero por lo menos no sales a vender con los huecos sin rellenar.

La IA te puede montar el Ferrari. Pero no te pasa la ITV.

Antes tardabas meses en montar una chapuza. Ahora puedes hacer una chapuza preciosa en una tarde.

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El verdadero problema no es técnico

El problema ya no es solo aprender herramientas. La IA ya ejecuta. Lo que empieza a escasear es el criterio: saber qué merece la pena acelerar, entender el negocio detrás, diseñar el proceso antes de activar la automatización y cumplir con lo que toca.

Porque una landing no es un negocio.

Y un botón de pagar no es una estrategia.

Esto vale para vender online, para crear contenido, para montar chatbots o para automatizar procesos. Si tienes un proceso claro, la IA lo potencia. Si tienes caos, la IA lo acelera.

Cómo estoy usando la IA en este momento

Últimamente trabajo mucho creando skills: procesos encadenados donde una IA hace una tarea, luego otra, luego otra más. Organizar contenido, estructurar información, preparar borradores, generar formatos o automatizar partes repetitivas.

Pero siempre con la misma lógica: primero claridad, después proceso, luego automatización.

Porque si metes IA dentro de un caos, no tienes una empresa automatizada. Tienes un caos más rápido.

Qué se lleva el oyente

La IA permite crear cosas increíbles en minutos. Puede transformar un pasillo de colegio en una cueva del Paleolítico. Puede ayudarte a montar una presentación. Puede generar una landing. Puede preparar un vídeo. Puede conectar piezas que antes exigían mucho más tiempo y dinero.

Pero el volante lo seguimos llevando nosotros.

Por eso el mensaje no es “usa IA para hacerlo todo rápido”. El mensaje es bastante más útil: usa IA para probar rápido, parte de casos reales, revisa proceso y cumplimiento, mide qué funciona y repite lo que dé resultado.

El criterio humano sigue siendo el verdadero sistema operativo.

Presentación utilizada en antena sobre IA aplicada y automatización

La IA permite crear cosas increíbles en minutos. El criterio humano sigue siendo el verdadero sistema operativo.

Si quieres explorar si tiene sentido aplicar alguna de estas herramientas en tu negocio concreto, en la Radiografía de Negocio analizamos exactamente eso: dónde la IA aporta, dónde no merece la pena el esfuerzo y qué proceso conviene ordenar antes de automatizar.

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Enrique Torres

Consultor de IA y procesos para pymes en Albacete. Ayudo a empresarios a ordenar su negocio antes de automatizarlo.

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